Este año se cumplen 200 años de independencia de la Nueva Granada, hace dos siglos nació nuestro hermoso país al que llamamos ahora Colombia, y vale la pena celebrarlo.
Así como nuestra casa, Colombia, antes fue llamada la Nueva Granada, dentro de ella también hay muchas historias que vale la pena rescatar del olvido y de las memorias prodigiosas, para que sus portadores no mueran sin compartir ese valioso conocimiento, sino que lo transmitan sobre todo a la juventud de hoy, que por lo general no es consciente de la historia que los rodea.
Una de las pequeñas historias (pequeñas grandes), dentro de la inmensa historia de Colombia es la de Medellín, una ciudad que lleva consigo un sinfín de cosas dignas de conocer.
Medellín al derecho y al revés
“En los años 40´s, Medellín no era llamada así, sino Sodoma y Gomorra”, porque estaba llena de vagabundería, tenia 9 zonas de tolerancia y se decía que a ella se entraba por un prostíbulo, mucho para una ciudad tan pequeña como lo era en ese entonces.
Si bien fue cierto esto en aquella época, también lo es la grandeza y el orgullo que ahora significa hablar de Medellín luego de tantos años de historia donde la madurez y la insignia de ciudad digna de admirar ahora son innegables.
Medellín conserva en sus calles la historia que la antecede, no hablo de la parte negativa que la caracterizaba en un principio, sino del camino en el que ocurrió esta transformación. Ahora Medellín es sinónimo de grandeza, perrenque, orgullo, esplendor, es considerada la segunda ciudad más importante de Colombia, caracterizada por la calidad de su gente, la excelencia académica, sus flores y su feria, y el escenario y cuna de muchos personajes famosos que son orgullosamente paisas y por supuesto colombianos lo cual se puede observar en las avenidas y en cada una de sus calles.
Es curioso saber el origen de cada uno de los nombres de las calles que a diario recorremos los que tenemos la dicha de vivir en esta hermosa ciudad: el barrio El Poblado, por ejemplo, antes se llamaba El Poblado de San Lorenzo y era la parte alta del barrio Antioquia, Bello y Girardota son nombres históricos con un significado, que a través de sus avenidas son capaces de contar varias historias; como la del terrateniente Gaspar de Rodas y la herencia que le dejó a sus hijos. Lo que ahora se conoce como Junín antes se llamaba la calle de Los Resbalones, la antes llamada calle de La Amargura es ahora Ayacucho y en honor a Francisco Miranda es que hoy se llaman así la calle y el barrio Miranda. Como estas, Las Camelias, la calle larga de Carabobo hacia el norte, se llama así porque un pintor dibujó una obra con unas hermosas camelias en ese lugar y desde ese momento fue llamada así.
Una ciudad que en sus calles conserva los nombres viejos es capaz de producir arte y literatura a partir de la historia, porque sus avenidas todos los días dicen algo a quienes se preguntan ¿por qué esta calle se llama así?
En Medellín estamos rodeados de historia, esta nos compete a todos, a los que nacieron, crecieron, llegaron en algún momento y se quedaron o simplemente pasaron un instante y se marcharon.
Doscientos años de música
Hace mucho tiempo, en nuestro país no existía lo que ahora con relación a la música, en reuniones sociales por ejemplo, no era posible escuchar una canción grabada ni siquiera en un casete, lo más parecido a música había que producirlo, por así decirlo, por quienes quisieran escucharla. Los mismos integrantes de las reuniones hacían ruidos con instrumentos improvisados con lo que se tuviera a la mano o con la voz, en el mejor de los casos, mandaban a buscar a una persona que se encargara de interpretar mejor los sonidos, pero siempre era en vivo, nada estaba grabado, a diferencia de nuestra época, donde tenemos muchos medios para grabar y reproducir toda clase de música, desde grabadoras hasta ipods.
El baile en ese entonces, contrario a lo que vemos ahora, era una muestra de la buena educación de los bailarines, estos espectáculos eran muy diferentes a los de las discotecas hoy en día.
Hoy en el 2010 tenemos una formación proveniente de varias y distintas culturas de regiones fuera de Colombia, es una música heredada de padre a hijo de forma oral. La mayor parte de esta música no es comercial, sino fragmento de una cultura y por eso se difunde a diferencia de la popular que está hecha para venderse y comercializarse y se sujeta a los cambios de la moda.
En fin, nuestra música es adoptada como el producto cultural de un conjunto de regiones foráneas, estas están interconectadas y dan lugar a lo que hoy escuchamos. El folclor se queda en las personas que desean estudiarlo y los jóvenes adoptan la cultura de marca y con esto conocen y reconocen a artistas y grupos musicales como Shakira, Juanes, Eminem, Metallica y Beyonce, por ejemplo.
La música Caribe está ligada con Puerto Rico, República Dominicana y Cuba, y sus raíces son transmitidas por la radio, cuando aun no existía la televisión, ésta primero se escuchó en la Región Andina y luego se extendió por todo el país.
La música colombiana es muy linda, pero desafortunadamente no puede competir con la que actualmente escuchan los jóvenes, no por ser esto mejor, sino porque es imposible inculcar a las nuevas generaciones algo contrario a lo que vieron desde niños y quitarles la tendencia a escuchar el pop moderno, la metálica o el reggaetón, es simplemente cuestión de generaciones.
Esta confluencia de eventos en una sola historia hacen que Colombia sea un país hermoso y muy valioso, lleno de historias y digno de admirar, lo que inevitablemente hace sentir orgullo a los colombianos de haber nacido en este bello país, que ha sido precioso desde la época de La Nueva Granada hasta la actualidad.
martes, 20 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Una crítica al gobierno desde el Sistema de Salud colombiano
Seis años en una universidad, como mínimo, si cuenta con suerte, un año de rural en un lugar que equis, que ni se sabe si será zona roja o no, arduas jornadas laborales y poco sueño, ¿para ganar tan poco?
Estas son unas cuantas cosas que hacen que el país, y sobre todo los más afectados, el personal de la salud, se pregunte si realmente vale la pena trabar en el área de la salud con las reformas que desde hace algún tiempo se han venido haciendo en el país.
Por todo lo anterior la Asociación Nacional de Profesionales de la Salud y pacientes piden a gritos una reforma al Sistema de Salud colombiano, los primeros por sueldos injustos y los segundos por pésima atención.
Lamentablemente, tanto para los integrantes del Régimen Subsidiado como los del Contributivo, no tienen más esperanza que conformarse con un sistema de salud endeudado y poco inteligente a la hora de solucionar problemas y de intentar pagar en unos meses, deudas de toda una vida.
La razón de todo esto es tan sencilla como difícil de reconocer y es, la corrupción, y no la corrupción vista como los grupos de vándalos, crimen organizado o violencia civil, sino la vista por todos, por parte de los políticos que no hacen más que robar a cada instante, quienes de diez mil millones dispuestos para obras en sus departamentos o sectores a cargo, dejan unos dos millones para lo que fueron dispuestos. El resto se va directamente a un Audi para el hijo o una gran casa con piscina privada mantenida por los pobres ciudadanos que con suerte podrán medio vivir y que en caso de enfermedad resulta mejor una consulta particular que tratar usar el servicio por el que pagan cada mes.
Sin embargo, sabiendo que esta es la mayor causa de la crisis del sistema, se brega para encontrar una pronta solución, primero implantando la Emergencia Social, ahora diciendo que ya no pero que aún quedan algunas decretos vigentes. ¿Será que el problema amerita este despliegue de decisiones que al poco tiempo son cambiadas?
El país pasa por tantas decisiones que a veces afectan y a veces benefician a los mismos de siempre, que es clara la debilidad del Estado y del Congreso. Y lo peor y más triste es que intentan solucionar con plata un problema que realidad viene de cuna. De cada una de las familias políticas que surgieron en el país hace muchos años.
Cada candidato, cada político, en su mayoría, tiene sus raíces en sus familiares que, como ellos poco hicieron en su gobierno, o más bien, poco hicieron bueno en su gobierno, y es claro que los actuales personajes que dicen querer hacer algo bueno por el país son solo una continuación del poder de sus familias.
Afortunadamente, habrá algunos que desean cambiar el país en realidad, que no proceden de esas cunas políticas de las que hablo, pero desafortunadamente no son los que logran mantenerse en el poder.
Estas son unas cuantas cosas que hacen que el país, y sobre todo los más afectados, el personal de la salud, se pregunte si realmente vale la pena trabar en el área de la salud con las reformas que desde hace algún tiempo se han venido haciendo en el país.
Por todo lo anterior la Asociación Nacional de Profesionales de la Salud y pacientes piden a gritos una reforma al Sistema de Salud colombiano, los primeros por sueldos injustos y los segundos por pésima atención.
Lamentablemente, tanto para los integrantes del Régimen Subsidiado como los del Contributivo, no tienen más esperanza que conformarse con un sistema de salud endeudado y poco inteligente a la hora de solucionar problemas y de intentar pagar en unos meses, deudas de toda una vida.
La razón de todo esto es tan sencilla como difícil de reconocer y es, la corrupción, y no la corrupción vista como los grupos de vándalos, crimen organizado o violencia civil, sino la vista por todos, por parte de los políticos que no hacen más que robar a cada instante, quienes de diez mil millones dispuestos para obras en sus departamentos o sectores a cargo, dejan unos dos millones para lo que fueron dispuestos. El resto se va directamente a un Audi para el hijo o una gran casa con piscina privada mantenida por los pobres ciudadanos que con suerte podrán medio vivir y que en caso de enfermedad resulta mejor una consulta particular que tratar usar el servicio por el que pagan cada mes.
Sin embargo, sabiendo que esta es la mayor causa de la crisis del sistema, se brega para encontrar una pronta solución, primero implantando la Emergencia Social, ahora diciendo que ya no pero que aún quedan algunas decretos vigentes. ¿Será que el problema amerita este despliegue de decisiones que al poco tiempo son cambiadas?
El país pasa por tantas decisiones que a veces afectan y a veces benefician a los mismos de siempre, que es clara la debilidad del Estado y del Congreso. Y lo peor y más triste es que intentan solucionar con plata un problema que realidad viene de cuna. De cada una de las familias políticas que surgieron en el país hace muchos años.
Cada candidato, cada político, en su mayoría, tiene sus raíces en sus familiares que, como ellos poco hicieron en su gobierno, o más bien, poco hicieron bueno en su gobierno, y es claro que los actuales personajes que dicen querer hacer algo bueno por el país son solo una continuación del poder de sus familias.
Afortunadamente, habrá algunos que desean cambiar el país en realidad, que no proceden de esas cunas políticas de las que hablo, pero desafortunadamente no son los que logran mantenerse en el poder.
martes, 13 de abril de 2010
Menos encuestas, mayor veracidad
Hacer encuestas es adelantar las elecciones, luego de aplicarlas, ¿para qué hacer toda la parafernalia de ese domingo de votaciones en el que el país gira en torno a ello si así nos ahorramos tantas cosas?
Pues resulta que en nuestro país, actualmente estamos viviendo una era a la que le encanta las encuestas, realizan una por cualquier cosa y en cualquier ocasión. Si bien es cierto esto, también lo es que, en algunas ocasiones, estas encuestas sirven para hacer comparaciones, esa sería su principal función si fueran creíbles y se aplicaran a un mayor porcentaje de la población en momentos claves.
Al aplicar una encuesta es cierto que no todos los colombianos participan y que encuestan solo a un porcentaje de la población y de esta forma no es posible afirmar cual seria el candidato que saldría electo en cualquier ocasión, sin embargo proporciona una idea de cómo se encuentra la situación electoral del país.
Entonces, si esta es la principal labor de las encuestas, tal parece que no la están cumpliendo a cabalidad, teniendo en cuenta que últimamente los resultados de las encuestas no son los que realmente deberían ser como sucedió con el caso del candidato a la presidencia Antanas Mockus.
Es imposible observar el comportamiento de la población colombiana encuestando solo a un pequeño porcentaje de esta, ya que el resto de personas, quizá sean los que decidan a la hora de votar o marquen la diferencia por el simple hecho de ser la mayoría.
Cabe preguntarse entonces, si los resultados de las encuestas no serán decisiones definitivas de la población, y si no vinculan a la gran mayoría de colombianos, ¿para qué sirven si ni siquiera forman el concepto real de la situación en el país? Ya la función de comparar junto a los resultados no sería valida porque se ha demostrado la diferencia entre las encuestas y los resultados a lo largo de los años.
Teniendo en cuenta la pregunta anterior podría inferir que, sabiendo que aplicar una encuesta no es tarea fácil, no se realiza sola y amerita costos, esto es solo un gasto innecesario de dinero, para dar a conocer una información que a ciencia cierta no se sabe para que sirve si cada quien vota por quien le plazca, no por los resultados brindados por las encuestas.
Prueba de todo lo anterior es la situación que se presenta cuando se aplican dos o más encuestas con una diferencia de tiempo muy pequeña: los resultados cambian imprevistamente, entonces, ¿vale la pena hacer, publicar, leer y confiar en una de ellas?, si al pasar unos días los resultados van a ser tan diferentes.
En lugar de hacer tantas, sería más útil aplicar una sola, en un momento crucial y a una mayor cantidad de personas, de esta manera los resultados serían más útiles y convincentes y no se perdería tanto tiempo.
Pues resulta que en nuestro país, actualmente estamos viviendo una era a la que le encanta las encuestas, realizan una por cualquier cosa y en cualquier ocasión. Si bien es cierto esto, también lo es que, en algunas ocasiones, estas encuestas sirven para hacer comparaciones, esa sería su principal función si fueran creíbles y se aplicaran a un mayor porcentaje de la población en momentos claves.
Al aplicar una encuesta es cierto que no todos los colombianos participan y que encuestan solo a un porcentaje de la población y de esta forma no es posible afirmar cual seria el candidato que saldría electo en cualquier ocasión, sin embargo proporciona una idea de cómo se encuentra la situación electoral del país.
Entonces, si esta es la principal labor de las encuestas, tal parece que no la están cumpliendo a cabalidad, teniendo en cuenta que últimamente los resultados de las encuestas no son los que realmente deberían ser como sucedió con el caso del candidato a la presidencia Antanas Mockus.
Es imposible observar el comportamiento de la población colombiana encuestando solo a un pequeño porcentaje de esta, ya que el resto de personas, quizá sean los que decidan a la hora de votar o marquen la diferencia por el simple hecho de ser la mayoría.
Cabe preguntarse entonces, si los resultados de las encuestas no serán decisiones definitivas de la población, y si no vinculan a la gran mayoría de colombianos, ¿para qué sirven si ni siquiera forman el concepto real de la situación en el país? Ya la función de comparar junto a los resultados no sería valida porque se ha demostrado la diferencia entre las encuestas y los resultados a lo largo de los años.
Teniendo en cuenta la pregunta anterior podría inferir que, sabiendo que aplicar una encuesta no es tarea fácil, no se realiza sola y amerita costos, esto es solo un gasto innecesario de dinero, para dar a conocer una información que a ciencia cierta no se sabe para que sirve si cada quien vota por quien le plazca, no por los resultados brindados por las encuestas.
Prueba de todo lo anterior es la situación que se presenta cuando se aplican dos o más encuestas con una diferencia de tiempo muy pequeña: los resultados cambian imprevistamente, entonces, ¿vale la pena hacer, publicar, leer y confiar en una de ellas?, si al pasar unos días los resultados van a ser tan diferentes.
En lugar de hacer tantas, sería más útil aplicar una sola, en un momento crucial y a una mayor cantidad de personas, de esta manera los resultados serían más útiles y convincentes y no se perdería tanto tiempo.
Robotizando el periodismo
¿Se imaginan como seria tener un esposo o esposa robot?, seria perfecto un persona que piense dos veces levantarse a preparar el desayuno, pero ¿donde queda el amor y los demás sentimientos? de esta misma forma suena la idea de tener robots periodistas andando por las calles trayendo y redactando noticias en lugar de humanos.
Si bien la idea es innovadora y el logro es supremamente interesante desde el punto de vista de la ingeniería, también lo es que significa un desmérito de la labor periodistica humana.
Por un lado, el hecho de hacer esta impresionante máquina es motivo sin duda de que la ingeniería cada día avanza más y vale la pena reconocerlo y felicitarlo, pero para que la gracia sea completa, estos avances deberían tener siempre un sentido y una labor social.
Es cierto que el robot periodista le ahorraría esfuerzos a muchas personas que salen todos los días a las calles en busca de una noticia, así como la tarea de capturar fotografías o sentarse a redactarlo, pero así como le ahorran este trabajo, también le quitan la comida de la boca y les dan a los lectores la noticia sin vida, la noticia robotizada.
Qué fácil seria para un periódico contratar a un montón de robots que hagan la labor periodística, o simplemente comprarlos y hacer la inversión de su vida, pero en consecuencia de esto, ¿en cuantos hogares de Colombia habría un desempleado más?
La anterior es solo una de las consecuencias de este maravilloso invento creado por los sabios ingenieros, sin contar cómo seria la noticia y las fotografías resultado del trabajo de esta máquina y donde queda la labor y el sentido humano de la noticia.
Es cierto que la idea de la noticia es lograr la objetividad y solo cumplir con la tarea de informar, a simple vista esto es una razón para que las personas sean reemplazadas por robots, pero hay que verle el trasfondo a la situación.
Lo de la objetividad es cierto, pero también lo es que un robot no puede tener razón, ni sentimientos, ni capacidad para contar noticias con calor humano, con el sentido de la responsabilidad de contar lo que es importante para la sociedad, de oler las noticias más desgarradoras y sensibilizarse por ello.
Mientras el robot hace reportería, redacta y en fin, realiza la labor de un periodista, hay un pobre humano que luego de pasar 5 años en la universidad, le toca conformarse con un puesto de panadero porque un robot le quitó el trabajo.
Si bien la idea es innovadora y el logro es supremamente interesante desde el punto de vista de la ingeniería, también lo es que significa un desmérito de la labor periodistica humana.
Por un lado, el hecho de hacer esta impresionante máquina es motivo sin duda de que la ingeniería cada día avanza más y vale la pena reconocerlo y felicitarlo, pero para que la gracia sea completa, estos avances deberían tener siempre un sentido y una labor social.
Es cierto que el robot periodista le ahorraría esfuerzos a muchas personas que salen todos los días a las calles en busca de una noticia, así como la tarea de capturar fotografías o sentarse a redactarlo, pero así como le ahorran este trabajo, también le quitan la comida de la boca y les dan a los lectores la noticia sin vida, la noticia robotizada.
Qué fácil seria para un periódico contratar a un montón de robots que hagan la labor periodística, o simplemente comprarlos y hacer la inversión de su vida, pero en consecuencia de esto, ¿en cuantos hogares de Colombia habría un desempleado más?
La anterior es solo una de las consecuencias de este maravilloso invento creado por los sabios ingenieros, sin contar cómo seria la noticia y las fotografías resultado del trabajo de esta máquina y donde queda la labor y el sentido humano de la noticia.
Es cierto que la idea de la noticia es lograr la objetividad y solo cumplir con la tarea de informar, a simple vista esto es una razón para que las personas sean reemplazadas por robots, pero hay que verle el trasfondo a la situación.
Lo de la objetividad es cierto, pero también lo es que un robot no puede tener razón, ni sentimientos, ni capacidad para contar noticias con calor humano, con el sentido de la responsabilidad de contar lo que es importante para la sociedad, de oler las noticias más desgarradoras y sensibilizarse por ello.
Mientras el robot hace reportería, redacta y en fin, realiza la labor de un periodista, hay un pobre humano que luego de pasar 5 años en la universidad, le toca conformarse con un puesto de panadero porque un robot le quitó el trabajo.
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