Hablando de ensayistas y de personas que merecen ser recordadas por su tan valiosa labor en el mundo de la escritura, es mi caso hablar de Fernando Savater, quizá uno de los mejores y más interesantes personajes que, a lo largo del tiempo y de su vida, nos ha llenado de maravillosas historias y maneras verdaderamente interesantes de plasmarlas.
Savater es un filósofo, activista y escritor español, nacido en San Sebastián el 21 de Junio de 1947. Ganador del Premio Planeta de novela 2008 con La hermandad de la buena suerte. Junto a esta obra, también se encuentran en la vitrina de sus trabajos más reconocidos, La escuela de Platón (1991), Ética para Amador (1991), Las preguntas de la vida (1999), El jardín de las dudas (1993), La tarea del héroe (1982), Invitación a la ética (1982) y Panfleto contra todo (1978).
Como todo escritor o ensayista, Savater tiene su estilo para escribir, el suyo es bastante interesante teniendo en cuenta su experiencia y la cantidad de conocimientos que posee, en cada uno de sus escritos deja claro su intensión de facilitarle al lector la comprensión de sus textos, para esto, con su estilo sencillo pero interesante, relajado y sin rodeos, hace que leer cualquier obra suya sea una deliciosa labor.
A diferencia de otros escritores, Savater no intenta demostrar sus conocimientos usando un lenguaje complicado, sino por el contrario, de forma espontánea y nada complicada, hace alarde de su intención, que es no complicarles la lectura a las personas. Y de hecho esta es una buena técnica, no hay nada más aburrido y desgastador de leer un texto complicado, con un sinfín de palabras poco usuales, que si bien sirven para enriquecer el vocabulario, no en todos los textos quedan bien.
Esto es algo que vale la pena reconocerle a Savater como una de sus mejores técnicas de seducción en cuanto a sus textos. Todos los que pensemos leer una de sus obras, contamos con el hecho de encontrarnos con un texto rico de leer y que en lugar de analizar cada palabra por ser extraña, podemos dedicarnos a disfrutar de la verdadera esencia del escrito.
Savater, con un lenguaje ameno y sencillo en la mayoría de sus escritos, expone por lo general, en la mayoría de sus escritos, su pensamiento acerca de lo que es el hombre y como se crea a través de sus acciones, así mismo, afirma que la ética puede explicar la esencia del este y su continuo movimiento en la vida, pasando por situaciones que hacen que todo el tiempo se esté complementando su ser, maneja una línea liberal y poco convencional, por ende trata de explicar los comportamientos del hombre por fuera de los supuestos o paradigmas establecidos a través de la historia, y esto lo hace un ensayista bastante interesante.
Su línea de pensamiento se ha catalogado en un antiautoritarismo radical, trata asuntos de la ética como explicación del ser activo y como autonomía propia, cuestiona la diferencia y cantidad de religiones, es opositor al nacionalismo, cinéfilo y mitómano ilustrado, crítico de la cultura y la política “Savater es además un autor prolífico, que se autodefine como un "filósofo de compañía", al estilo de los filosofos franceses, no como un filósofo académico y con mayúscula”. Es influido por Nietzsche, Cioran y Spinoza, entre otros y lo que más le gusta escribir es artículos periodísticos.
Leyendo acerca de la vida y obra de Savater me he topado con una frase que me parece interesante y creo que vale la pena señalar y es: “liberar la ética de los vínculos de la moral y establecerla como un evento abierto, con autonomía propia”, y la razón de mi interés radica en mi constante pregunta de la infancia: ¿Cuál es la diferencia entre ética y moral?, que por cierto nunca me fue respondida, a pesar de que muchos de mis maestros dicen tener mucho conocimiento sobre dicho tema.
Es en este momento entonces, cuando me intereso en leer este texto de Savater, donde influido por Friedrich Nietzsche sobre todo, afirma que la ética debe tener su propia personalidad, por así decirlo, o como lo dice el mismo Savater “autonomía propia”, hasta aquí llegó mi duda sobre esta pareja de palabras que casi siempre andan juntas pero no son iguales.
Conceptos como este, explicados de la forma que Savater lo hace, significan para mí una mina de conocimientos sin explotar, es decir, hasta ahora descubro que hay alguien que de manera simple es capaz de definir cualquier concepto y de proponer otros de cuales cuáles nunca antes se habían oído. Esto es quizá lo más importante en un escritor, tanto que, de esta manera, tienen la facilidad de volverse amigos de los lectores sin siquiera conocerlos.
Teniendo en cuenta lo anterior, atribuyo el éxito y la vigencia de Savater a su habilidad para escribir de forma clara y sencilla, con un evidente conocimiento de los temas pero sin caer en el leguaje exagerado y pomposo del que suelen ser víctimas otros escritores, además de esto, el hecho de tener como soportes a tan ilustrados filósofos, hace que su pensamiento sea creíble y auto sostenible después de un tiempo, pero siempre con la bases de quienes fueron sus maestros, por así decirlo. Uno escribe, con la esperanza de que alguien lea lo escrito, y en este caso, Savater logra experimentar la dicha de tener muchos lectores de sus maravillosas obras, quienes le dan la gracia de ser uno de los mejores a nivel mundial.
Si bien Savater escribe de la forma que ya he explicado antes, también hay que recalcar, y mucho, su idea de aborrecer la forma de escribir libros de ética de manera que estos parezcan libros de autoayuda o que digan paso por paso lo que hay que hacer, “Lo único que me parece ético es suscitar la necesidad de que las cosas hay que pensarlas desde unos baremos de humanidad, de racionalidad y de semejanza entre nosotros. Enseña más el maestro al educar su humanidad que al instruir cualquier otra cosa que enseñe” dice Savater en ¿De qué sirve la ética para los jóvenes?
Como un repaso de alguna de sus obras más interesantes, vale la pena detenernos un tiempo en su obra La tarea de héroe, elementos para una ética trágica (1982), que trata sobre una de las ramas de la Filosofía practica, donde se ha ubicado a la Ética, lo que significa que no solamente es un conocimiento más, sino un saber actúa, para llevarlo a la realización en la vida diaria, y habla sobre las únicas dos cosas que se pueden saber del yo, que son: No coincide ni puede coincidir con ninguna identidad, vive produciendo identidades en busca de una perfecta coincidencia que le sirva de identificación.
En este orden de ideas, Savater es uno de los escritores más profundos que existe, es decir, con más capacidad de ahondar en temas que aparentemente no tienen significados o algo sobre qué investigar, como el yo, una simple palabra de sólo dos letras, que en las manos Savater, resulta tener más significados que cualquier otra por grande que sea, más aun cuando todos la usamos y nadie se detiene a analizarla, y menos como lo hace él.
lunes, 24 de mayo de 2010
sábado, 8 de mayo de 2010
¿Pertinencia o saturación?
Al hablar de pertinencia en el periodismo de opinión en Colombia, es clave hablar que las noticias que están dando de qué hablar en nuestro país actualmente y si realmente son las que vale la pena analizar.
Es cierto que las elecciones presidenciales se acercan y es el tema más importante actualmente en nuestro medio, pero esto se ha vuelto insoportable a la hora de refrescar la mente y alejarse un poco del tema de los candidatos. Si bien esto es importante, no es lo único de lo que se debe hablar y no todo el tiempo se deben tratar estos temas en secciones de opinión en prensa, radio, televisión o internet.
A esta alturas, hay una saturación de información con respecto a las elecciones, en esta parte, mi mayor deseo es que pase ya la época de elecciones y pos elecciones para así tener un respiro en materia de información.
Soy consciente de las afirmaciones que hago en este articulo pueden no ser las mismas de muchos de los estudiosos politólogos o profesores que intentan inculcar a sus alumnos la cultura de la política y todo lo que la rodea, pero esto no es lo único que merece tenerse en cuenta en los medios colombianos.
Seguro que por abrirle un espacio diario a noticias sobre elecciones en los medios, se están haciendo a un lado noticias que también son importantes, obras que merecen ser resaltadas o simplemente información diferente que la gente quiera leer.
Al leer una columna de opinión, prender el televisor, abrir un periódico o escuchar la radio en esta época, lo primero que vemos es, en cada medio nacional, un mundo de gente hablando sobre política y más política, francamente ya no dan ganas de hacerlo. Con todo esto no quiero decir que los medios sólo hablen de este tema o que no sea importante tratarlos, sino que no se debe exagerar.
Así como el tema de las elecciones parece ser el más importante ahora, noticias como la tragedia de Haití, cuando ocurren, y durante unos meses después, son las que se toman el mayor espacio dentro de los medios, y no precisamente dando a conocer novedades que siguen ocurriendo, sino repitiendo lo que antes se ha contado mil veces, esto no merece llamarse periodismo. Los espacios de análisis y de opinión en estos casos, se quedan rezagados a información acerca de la ayuda que reciben los damnificados y por parte de quienes va dicha ayuda, restándoles importancia a estos espacios donde, se supone, debe estar la sustancia de todo lo que sucede.
Política, política y más política, disfrazada o implícita, eso es lo que se ve en las columnas de opinión de medios colombianos. A continuación algunos de los titulares que manejaron ciertos medios en materia de opinión en los últimos días: El Tiempo: Londres sin premier, El colombiano: DAS: ¡es urgente liquidarlo!, revista Semana: las seis semanas de Mockus y Siga así, Juan Manuel.
En esta búsqueda por encontrar alguna columna de opinión que no hablara de política, me topé con la revista Cromos, y fue allí donde encontré un espacio donde, sin dejar de lado lo importante, le dan valor a temas que refrescan la mente de los lectores y los libran de la constante saturación de problemas colombianos y posibles soluciones que en cierta medida no sirven para nada.
Un ejemplo de la revista Cromos es la columna de Hector Abad Faciolince, publicada en sábado ocho de Mayo, titulada “Si te matas, me suicido”, la pregunta entonces es: ¿Acaso temas como estos no son importantes, tanto que son absorbidos por lo que se ve todos los días en los medios, cuyo contenido lo sabemos de memoria? Abad Faciolince es un hombre inteligente y bastante reconocido, y demuestra que con estos artículos no vamos a hacer que los colombianos elijan a quien no deben o algo por el estilo.
Un montón de opiniones sobre políticos y política no va a lograr que el país cambie ni cambiará la forma de pensar de los colombianos, con una cuantas en cada medio es suficiente para saber lo que nos conviene y formar opinión en los colombianos, aunque esto no signifique un cambio para el país.
Es cierto que las elecciones presidenciales se acercan y es el tema más importante actualmente en nuestro medio, pero esto se ha vuelto insoportable a la hora de refrescar la mente y alejarse un poco del tema de los candidatos. Si bien esto es importante, no es lo único de lo que se debe hablar y no todo el tiempo se deben tratar estos temas en secciones de opinión en prensa, radio, televisión o internet.
A esta alturas, hay una saturación de información con respecto a las elecciones, en esta parte, mi mayor deseo es que pase ya la época de elecciones y pos elecciones para así tener un respiro en materia de información.
Soy consciente de las afirmaciones que hago en este articulo pueden no ser las mismas de muchos de los estudiosos politólogos o profesores que intentan inculcar a sus alumnos la cultura de la política y todo lo que la rodea, pero esto no es lo único que merece tenerse en cuenta en los medios colombianos.
Seguro que por abrirle un espacio diario a noticias sobre elecciones en los medios, se están haciendo a un lado noticias que también son importantes, obras que merecen ser resaltadas o simplemente información diferente que la gente quiera leer.
Al leer una columna de opinión, prender el televisor, abrir un periódico o escuchar la radio en esta época, lo primero que vemos es, en cada medio nacional, un mundo de gente hablando sobre política y más política, francamente ya no dan ganas de hacerlo. Con todo esto no quiero decir que los medios sólo hablen de este tema o que no sea importante tratarlos, sino que no se debe exagerar.
Así como el tema de las elecciones parece ser el más importante ahora, noticias como la tragedia de Haití, cuando ocurren, y durante unos meses después, son las que se toman el mayor espacio dentro de los medios, y no precisamente dando a conocer novedades que siguen ocurriendo, sino repitiendo lo que antes se ha contado mil veces, esto no merece llamarse periodismo. Los espacios de análisis y de opinión en estos casos, se quedan rezagados a información acerca de la ayuda que reciben los damnificados y por parte de quienes va dicha ayuda, restándoles importancia a estos espacios donde, se supone, debe estar la sustancia de todo lo que sucede.
Política, política y más política, disfrazada o implícita, eso es lo que se ve en las columnas de opinión de medios colombianos. A continuación algunos de los titulares que manejaron ciertos medios en materia de opinión en los últimos días: El Tiempo: Londres sin premier, El colombiano: DAS: ¡es urgente liquidarlo!, revista Semana: las seis semanas de Mockus y Siga así, Juan Manuel.
En esta búsqueda por encontrar alguna columna de opinión que no hablara de política, me topé con la revista Cromos, y fue allí donde encontré un espacio donde, sin dejar de lado lo importante, le dan valor a temas que refrescan la mente de los lectores y los libran de la constante saturación de problemas colombianos y posibles soluciones que en cierta medida no sirven para nada.
Un ejemplo de la revista Cromos es la columna de Hector Abad Faciolince, publicada en sábado ocho de Mayo, titulada “Si te matas, me suicido”, la pregunta entonces es: ¿Acaso temas como estos no son importantes, tanto que son absorbidos por lo que se ve todos los días en los medios, cuyo contenido lo sabemos de memoria? Abad Faciolince es un hombre inteligente y bastante reconocido, y demuestra que con estos artículos no vamos a hacer que los colombianos elijan a quien no deben o algo por el estilo.
Un montón de opiniones sobre políticos y política no va a lograr que el país cambie ni cambiará la forma de pensar de los colombianos, con una cuantas en cada medio es suficiente para saber lo que nos conviene y formar opinión en los colombianos, aunque esto no signifique un cambio para el país.
martes, 20 de abril de 2010
1000 palabras de algo de historia colombiana
Este año se cumplen 200 años de independencia de la Nueva Granada, hace dos siglos nació nuestro hermoso país al que llamamos ahora Colombia, y vale la pena celebrarlo.
Así como nuestra casa, Colombia, antes fue llamada la Nueva Granada, dentro de ella también hay muchas historias que vale la pena rescatar del olvido y de las memorias prodigiosas, para que sus portadores no mueran sin compartir ese valioso conocimiento, sino que lo transmitan sobre todo a la juventud de hoy, que por lo general no es consciente de la historia que los rodea.
Una de las pequeñas historias (pequeñas grandes), dentro de la inmensa historia de Colombia es la de Medellín, una ciudad que lleva consigo un sinfín de cosas dignas de conocer.
Medellín al derecho y al revés
“En los años 40´s, Medellín no era llamada así, sino Sodoma y Gomorra”, porque estaba llena de vagabundería, tenia 9 zonas de tolerancia y se decía que a ella se entraba por un prostíbulo, mucho para una ciudad tan pequeña como lo era en ese entonces.
Si bien fue cierto esto en aquella época, también lo es la grandeza y el orgullo que ahora significa hablar de Medellín luego de tantos años de historia donde la madurez y la insignia de ciudad digna de admirar ahora son innegables.
Medellín conserva en sus calles la historia que la antecede, no hablo de la parte negativa que la caracterizaba en un principio, sino del camino en el que ocurrió esta transformación. Ahora Medellín es sinónimo de grandeza, perrenque, orgullo, esplendor, es considerada la segunda ciudad más importante de Colombia, caracterizada por la calidad de su gente, la excelencia académica, sus flores y su feria, y el escenario y cuna de muchos personajes famosos que son orgullosamente paisas y por supuesto colombianos lo cual se puede observar en las avenidas y en cada una de sus calles.
Es curioso saber el origen de cada uno de los nombres de las calles que a diario recorremos los que tenemos la dicha de vivir en esta hermosa ciudad: el barrio El Poblado, por ejemplo, antes se llamaba El Poblado de San Lorenzo y era la parte alta del barrio Antioquia, Bello y Girardota son nombres históricos con un significado, que a través de sus avenidas son capaces de contar varias historias; como la del terrateniente Gaspar de Rodas y la herencia que le dejó a sus hijos. Lo que ahora se conoce como Junín antes se llamaba la calle de Los Resbalones, la antes llamada calle de La Amargura es ahora Ayacucho y en honor a Francisco Miranda es que hoy se llaman así la calle y el barrio Miranda. Como estas, Las Camelias, la calle larga de Carabobo hacia el norte, se llama así porque un pintor dibujó una obra con unas hermosas camelias en ese lugar y desde ese momento fue llamada así.
Una ciudad que en sus calles conserva los nombres viejos es capaz de producir arte y literatura a partir de la historia, porque sus avenidas todos los días dicen algo a quienes se preguntan ¿por qué esta calle se llama así?
En Medellín estamos rodeados de historia, esta nos compete a todos, a los que nacieron, crecieron, llegaron en algún momento y se quedaron o simplemente pasaron un instante y se marcharon.
Doscientos años de música
Hace mucho tiempo, en nuestro país no existía lo que ahora con relación a la música, en reuniones sociales por ejemplo, no era posible escuchar una canción grabada ni siquiera en un casete, lo más parecido a música había que producirlo, por así decirlo, por quienes quisieran escucharla. Los mismos integrantes de las reuniones hacían ruidos con instrumentos improvisados con lo que se tuviera a la mano o con la voz, en el mejor de los casos, mandaban a buscar a una persona que se encargara de interpretar mejor los sonidos, pero siempre era en vivo, nada estaba grabado, a diferencia de nuestra época, donde tenemos muchos medios para grabar y reproducir toda clase de música, desde grabadoras hasta ipods.
El baile en ese entonces, contrario a lo que vemos ahora, era una muestra de la buena educación de los bailarines, estos espectáculos eran muy diferentes a los de las discotecas hoy en día.
Hoy en el 2010 tenemos una formación proveniente de varias y distintas culturas de regiones fuera de Colombia, es una música heredada de padre a hijo de forma oral. La mayor parte de esta música no es comercial, sino fragmento de una cultura y por eso se difunde a diferencia de la popular que está hecha para venderse y comercializarse y se sujeta a los cambios de la moda.
En fin, nuestra música es adoptada como el producto cultural de un conjunto de regiones foráneas, estas están interconectadas y dan lugar a lo que hoy escuchamos. El folclor se queda en las personas que desean estudiarlo y los jóvenes adoptan la cultura de marca y con esto conocen y reconocen a artistas y grupos musicales como Shakira, Juanes, Eminem, Metallica y Beyonce, por ejemplo.
La música Caribe está ligada con Puerto Rico, República Dominicana y Cuba, y sus raíces son transmitidas por la radio, cuando aun no existía la televisión, ésta primero se escuchó en la Región Andina y luego se extendió por todo el país.
La música colombiana es muy linda, pero desafortunadamente no puede competir con la que actualmente escuchan los jóvenes, no por ser esto mejor, sino porque es imposible inculcar a las nuevas generaciones algo contrario a lo que vieron desde niños y quitarles la tendencia a escuchar el pop moderno, la metálica o el reggaetón, es simplemente cuestión de generaciones.
Esta confluencia de eventos en una sola historia hacen que Colombia sea un país hermoso y muy valioso, lleno de historias y digno de admirar, lo que inevitablemente hace sentir orgullo a los colombianos de haber nacido en este bello país, que ha sido precioso desde la época de La Nueva Granada hasta la actualidad.
Así como nuestra casa, Colombia, antes fue llamada la Nueva Granada, dentro de ella también hay muchas historias que vale la pena rescatar del olvido y de las memorias prodigiosas, para que sus portadores no mueran sin compartir ese valioso conocimiento, sino que lo transmitan sobre todo a la juventud de hoy, que por lo general no es consciente de la historia que los rodea.
Una de las pequeñas historias (pequeñas grandes), dentro de la inmensa historia de Colombia es la de Medellín, una ciudad que lleva consigo un sinfín de cosas dignas de conocer.
Medellín al derecho y al revés
“En los años 40´s, Medellín no era llamada así, sino Sodoma y Gomorra”, porque estaba llena de vagabundería, tenia 9 zonas de tolerancia y se decía que a ella se entraba por un prostíbulo, mucho para una ciudad tan pequeña como lo era en ese entonces.
Si bien fue cierto esto en aquella época, también lo es la grandeza y el orgullo que ahora significa hablar de Medellín luego de tantos años de historia donde la madurez y la insignia de ciudad digna de admirar ahora son innegables.
Medellín conserva en sus calles la historia que la antecede, no hablo de la parte negativa que la caracterizaba en un principio, sino del camino en el que ocurrió esta transformación. Ahora Medellín es sinónimo de grandeza, perrenque, orgullo, esplendor, es considerada la segunda ciudad más importante de Colombia, caracterizada por la calidad de su gente, la excelencia académica, sus flores y su feria, y el escenario y cuna de muchos personajes famosos que son orgullosamente paisas y por supuesto colombianos lo cual se puede observar en las avenidas y en cada una de sus calles.
Es curioso saber el origen de cada uno de los nombres de las calles que a diario recorremos los que tenemos la dicha de vivir en esta hermosa ciudad: el barrio El Poblado, por ejemplo, antes se llamaba El Poblado de San Lorenzo y era la parte alta del barrio Antioquia, Bello y Girardota son nombres históricos con un significado, que a través de sus avenidas son capaces de contar varias historias; como la del terrateniente Gaspar de Rodas y la herencia que le dejó a sus hijos. Lo que ahora se conoce como Junín antes se llamaba la calle de Los Resbalones, la antes llamada calle de La Amargura es ahora Ayacucho y en honor a Francisco Miranda es que hoy se llaman así la calle y el barrio Miranda. Como estas, Las Camelias, la calle larga de Carabobo hacia el norte, se llama así porque un pintor dibujó una obra con unas hermosas camelias en ese lugar y desde ese momento fue llamada así.
Una ciudad que en sus calles conserva los nombres viejos es capaz de producir arte y literatura a partir de la historia, porque sus avenidas todos los días dicen algo a quienes se preguntan ¿por qué esta calle se llama así?
En Medellín estamos rodeados de historia, esta nos compete a todos, a los que nacieron, crecieron, llegaron en algún momento y se quedaron o simplemente pasaron un instante y se marcharon.
Doscientos años de música
Hace mucho tiempo, en nuestro país no existía lo que ahora con relación a la música, en reuniones sociales por ejemplo, no era posible escuchar una canción grabada ni siquiera en un casete, lo más parecido a música había que producirlo, por así decirlo, por quienes quisieran escucharla. Los mismos integrantes de las reuniones hacían ruidos con instrumentos improvisados con lo que se tuviera a la mano o con la voz, en el mejor de los casos, mandaban a buscar a una persona que se encargara de interpretar mejor los sonidos, pero siempre era en vivo, nada estaba grabado, a diferencia de nuestra época, donde tenemos muchos medios para grabar y reproducir toda clase de música, desde grabadoras hasta ipods.
El baile en ese entonces, contrario a lo que vemos ahora, era una muestra de la buena educación de los bailarines, estos espectáculos eran muy diferentes a los de las discotecas hoy en día.
Hoy en el 2010 tenemos una formación proveniente de varias y distintas culturas de regiones fuera de Colombia, es una música heredada de padre a hijo de forma oral. La mayor parte de esta música no es comercial, sino fragmento de una cultura y por eso se difunde a diferencia de la popular que está hecha para venderse y comercializarse y se sujeta a los cambios de la moda.
En fin, nuestra música es adoptada como el producto cultural de un conjunto de regiones foráneas, estas están interconectadas y dan lugar a lo que hoy escuchamos. El folclor se queda en las personas que desean estudiarlo y los jóvenes adoptan la cultura de marca y con esto conocen y reconocen a artistas y grupos musicales como Shakira, Juanes, Eminem, Metallica y Beyonce, por ejemplo.
La música Caribe está ligada con Puerto Rico, República Dominicana y Cuba, y sus raíces son transmitidas por la radio, cuando aun no existía la televisión, ésta primero se escuchó en la Región Andina y luego se extendió por todo el país.
La música colombiana es muy linda, pero desafortunadamente no puede competir con la que actualmente escuchan los jóvenes, no por ser esto mejor, sino porque es imposible inculcar a las nuevas generaciones algo contrario a lo que vieron desde niños y quitarles la tendencia a escuchar el pop moderno, la metálica o el reggaetón, es simplemente cuestión de generaciones.
Esta confluencia de eventos en una sola historia hacen que Colombia sea un país hermoso y muy valioso, lleno de historias y digno de admirar, lo que inevitablemente hace sentir orgullo a los colombianos de haber nacido en este bello país, que ha sido precioso desde la época de La Nueva Granada hasta la actualidad.
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1000 palabras de algo de historia colombiana
domingo, 18 de abril de 2010
Una crítica al gobierno desde el Sistema de Salud colombiano
Seis años en una universidad, como mínimo, si cuenta con suerte, un año de rural en un lugar que equis, que ni se sabe si será zona roja o no, arduas jornadas laborales y poco sueño, ¿para ganar tan poco?
Estas son unas cuantas cosas que hacen que el país, y sobre todo los más afectados, el personal de la salud, se pregunte si realmente vale la pena trabar en el área de la salud con las reformas que desde hace algún tiempo se han venido haciendo en el país.
Por todo lo anterior la Asociación Nacional de Profesionales de la Salud y pacientes piden a gritos una reforma al Sistema de Salud colombiano, los primeros por sueldos injustos y los segundos por pésima atención.
Lamentablemente, tanto para los integrantes del Régimen Subsidiado como los del Contributivo, no tienen más esperanza que conformarse con un sistema de salud endeudado y poco inteligente a la hora de solucionar problemas y de intentar pagar en unos meses, deudas de toda una vida.
La razón de todo esto es tan sencilla como difícil de reconocer y es, la corrupción, y no la corrupción vista como los grupos de vándalos, crimen organizado o violencia civil, sino la vista por todos, por parte de los políticos que no hacen más que robar a cada instante, quienes de diez mil millones dispuestos para obras en sus departamentos o sectores a cargo, dejan unos dos millones para lo que fueron dispuestos. El resto se va directamente a un Audi para el hijo o una gran casa con piscina privada mantenida por los pobres ciudadanos que con suerte podrán medio vivir y que en caso de enfermedad resulta mejor una consulta particular que tratar usar el servicio por el que pagan cada mes.
Sin embargo, sabiendo que esta es la mayor causa de la crisis del sistema, se brega para encontrar una pronta solución, primero implantando la Emergencia Social, ahora diciendo que ya no pero que aún quedan algunas decretos vigentes. ¿Será que el problema amerita este despliegue de decisiones que al poco tiempo son cambiadas?
El país pasa por tantas decisiones que a veces afectan y a veces benefician a los mismos de siempre, que es clara la debilidad del Estado y del Congreso. Y lo peor y más triste es que intentan solucionar con plata un problema que realidad viene de cuna. De cada una de las familias políticas que surgieron en el país hace muchos años.
Cada candidato, cada político, en su mayoría, tiene sus raíces en sus familiares que, como ellos poco hicieron en su gobierno, o más bien, poco hicieron bueno en su gobierno, y es claro que los actuales personajes que dicen querer hacer algo bueno por el país son solo una continuación del poder de sus familias.
Afortunadamente, habrá algunos que desean cambiar el país en realidad, que no proceden de esas cunas políticas de las que hablo, pero desafortunadamente no son los que logran mantenerse en el poder.
Estas son unas cuantas cosas que hacen que el país, y sobre todo los más afectados, el personal de la salud, se pregunte si realmente vale la pena trabar en el área de la salud con las reformas que desde hace algún tiempo se han venido haciendo en el país.
Por todo lo anterior la Asociación Nacional de Profesionales de la Salud y pacientes piden a gritos una reforma al Sistema de Salud colombiano, los primeros por sueldos injustos y los segundos por pésima atención.
Lamentablemente, tanto para los integrantes del Régimen Subsidiado como los del Contributivo, no tienen más esperanza que conformarse con un sistema de salud endeudado y poco inteligente a la hora de solucionar problemas y de intentar pagar en unos meses, deudas de toda una vida.
La razón de todo esto es tan sencilla como difícil de reconocer y es, la corrupción, y no la corrupción vista como los grupos de vándalos, crimen organizado o violencia civil, sino la vista por todos, por parte de los políticos que no hacen más que robar a cada instante, quienes de diez mil millones dispuestos para obras en sus departamentos o sectores a cargo, dejan unos dos millones para lo que fueron dispuestos. El resto se va directamente a un Audi para el hijo o una gran casa con piscina privada mantenida por los pobres ciudadanos que con suerte podrán medio vivir y que en caso de enfermedad resulta mejor una consulta particular que tratar usar el servicio por el que pagan cada mes.
Sin embargo, sabiendo que esta es la mayor causa de la crisis del sistema, se brega para encontrar una pronta solución, primero implantando la Emergencia Social, ahora diciendo que ya no pero que aún quedan algunas decretos vigentes. ¿Será que el problema amerita este despliegue de decisiones que al poco tiempo son cambiadas?
El país pasa por tantas decisiones que a veces afectan y a veces benefician a los mismos de siempre, que es clara la debilidad del Estado y del Congreso. Y lo peor y más triste es que intentan solucionar con plata un problema que realidad viene de cuna. De cada una de las familias políticas que surgieron en el país hace muchos años.
Cada candidato, cada político, en su mayoría, tiene sus raíces en sus familiares que, como ellos poco hicieron en su gobierno, o más bien, poco hicieron bueno en su gobierno, y es claro que los actuales personajes que dicen querer hacer algo bueno por el país son solo una continuación del poder de sus familias.
Afortunadamente, habrá algunos que desean cambiar el país en realidad, que no proceden de esas cunas políticas de las que hablo, pero desafortunadamente no son los que logran mantenerse en el poder.
martes, 13 de abril de 2010
Menos encuestas, mayor veracidad
Hacer encuestas es adelantar las elecciones, luego de aplicarlas, ¿para qué hacer toda la parafernalia de ese domingo de votaciones en el que el país gira en torno a ello si así nos ahorramos tantas cosas?
Pues resulta que en nuestro país, actualmente estamos viviendo una era a la que le encanta las encuestas, realizan una por cualquier cosa y en cualquier ocasión. Si bien es cierto esto, también lo es que, en algunas ocasiones, estas encuestas sirven para hacer comparaciones, esa sería su principal función si fueran creíbles y se aplicaran a un mayor porcentaje de la población en momentos claves.
Al aplicar una encuesta es cierto que no todos los colombianos participan y que encuestan solo a un porcentaje de la población y de esta forma no es posible afirmar cual seria el candidato que saldría electo en cualquier ocasión, sin embargo proporciona una idea de cómo se encuentra la situación electoral del país.
Entonces, si esta es la principal labor de las encuestas, tal parece que no la están cumpliendo a cabalidad, teniendo en cuenta que últimamente los resultados de las encuestas no son los que realmente deberían ser como sucedió con el caso del candidato a la presidencia Antanas Mockus.
Es imposible observar el comportamiento de la población colombiana encuestando solo a un pequeño porcentaje de esta, ya que el resto de personas, quizá sean los que decidan a la hora de votar o marquen la diferencia por el simple hecho de ser la mayoría.
Cabe preguntarse entonces, si los resultados de las encuestas no serán decisiones definitivas de la población, y si no vinculan a la gran mayoría de colombianos, ¿para qué sirven si ni siquiera forman el concepto real de la situación en el país? Ya la función de comparar junto a los resultados no sería valida porque se ha demostrado la diferencia entre las encuestas y los resultados a lo largo de los años.
Teniendo en cuenta la pregunta anterior podría inferir que, sabiendo que aplicar una encuesta no es tarea fácil, no se realiza sola y amerita costos, esto es solo un gasto innecesario de dinero, para dar a conocer una información que a ciencia cierta no se sabe para que sirve si cada quien vota por quien le plazca, no por los resultados brindados por las encuestas.
Prueba de todo lo anterior es la situación que se presenta cuando se aplican dos o más encuestas con una diferencia de tiempo muy pequeña: los resultados cambian imprevistamente, entonces, ¿vale la pena hacer, publicar, leer y confiar en una de ellas?, si al pasar unos días los resultados van a ser tan diferentes.
En lugar de hacer tantas, sería más útil aplicar una sola, en un momento crucial y a una mayor cantidad de personas, de esta manera los resultados serían más útiles y convincentes y no se perdería tanto tiempo.
Pues resulta que en nuestro país, actualmente estamos viviendo una era a la que le encanta las encuestas, realizan una por cualquier cosa y en cualquier ocasión. Si bien es cierto esto, también lo es que, en algunas ocasiones, estas encuestas sirven para hacer comparaciones, esa sería su principal función si fueran creíbles y se aplicaran a un mayor porcentaje de la población en momentos claves.
Al aplicar una encuesta es cierto que no todos los colombianos participan y que encuestan solo a un porcentaje de la población y de esta forma no es posible afirmar cual seria el candidato que saldría electo en cualquier ocasión, sin embargo proporciona una idea de cómo se encuentra la situación electoral del país.
Entonces, si esta es la principal labor de las encuestas, tal parece que no la están cumpliendo a cabalidad, teniendo en cuenta que últimamente los resultados de las encuestas no son los que realmente deberían ser como sucedió con el caso del candidato a la presidencia Antanas Mockus.
Es imposible observar el comportamiento de la población colombiana encuestando solo a un pequeño porcentaje de esta, ya que el resto de personas, quizá sean los que decidan a la hora de votar o marquen la diferencia por el simple hecho de ser la mayoría.
Cabe preguntarse entonces, si los resultados de las encuestas no serán decisiones definitivas de la población, y si no vinculan a la gran mayoría de colombianos, ¿para qué sirven si ni siquiera forman el concepto real de la situación en el país? Ya la función de comparar junto a los resultados no sería valida porque se ha demostrado la diferencia entre las encuestas y los resultados a lo largo de los años.
Teniendo en cuenta la pregunta anterior podría inferir que, sabiendo que aplicar una encuesta no es tarea fácil, no se realiza sola y amerita costos, esto es solo un gasto innecesario de dinero, para dar a conocer una información que a ciencia cierta no se sabe para que sirve si cada quien vota por quien le plazca, no por los resultados brindados por las encuestas.
Prueba de todo lo anterior es la situación que se presenta cuando se aplican dos o más encuestas con una diferencia de tiempo muy pequeña: los resultados cambian imprevistamente, entonces, ¿vale la pena hacer, publicar, leer y confiar en una de ellas?, si al pasar unos días los resultados van a ser tan diferentes.
En lugar de hacer tantas, sería más útil aplicar una sola, en un momento crucial y a una mayor cantidad de personas, de esta manera los resultados serían más útiles y convincentes y no se perdería tanto tiempo.
Robotizando el periodismo
¿Se imaginan como seria tener un esposo o esposa robot?, seria perfecto un persona que piense dos veces levantarse a preparar el desayuno, pero ¿donde queda el amor y los demás sentimientos? de esta misma forma suena la idea de tener robots periodistas andando por las calles trayendo y redactando noticias en lugar de humanos.
Si bien la idea es innovadora y el logro es supremamente interesante desde el punto de vista de la ingeniería, también lo es que significa un desmérito de la labor periodistica humana.
Por un lado, el hecho de hacer esta impresionante máquina es motivo sin duda de que la ingeniería cada día avanza más y vale la pena reconocerlo y felicitarlo, pero para que la gracia sea completa, estos avances deberían tener siempre un sentido y una labor social.
Es cierto que el robot periodista le ahorraría esfuerzos a muchas personas que salen todos los días a las calles en busca de una noticia, así como la tarea de capturar fotografías o sentarse a redactarlo, pero así como le ahorran este trabajo, también le quitan la comida de la boca y les dan a los lectores la noticia sin vida, la noticia robotizada.
Qué fácil seria para un periódico contratar a un montón de robots que hagan la labor periodística, o simplemente comprarlos y hacer la inversión de su vida, pero en consecuencia de esto, ¿en cuantos hogares de Colombia habría un desempleado más?
La anterior es solo una de las consecuencias de este maravilloso invento creado por los sabios ingenieros, sin contar cómo seria la noticia y las fotografías resultado del trabajo de esta máquina y donde queda la labor y el sentido humano de la noticia.
Es cierto que la idea de la noticia es lograr la objetividad y solo cumplir con la tarea de informar, a simple vista esto es una razón para que las personas sean reemplazadas por robots, pero hay que verle el trasfondo a la situación.
Lo de la objetividad es cierto, pero también lo es que un robot no puede tener razón, ni sentimientos, ni capacidad para contar noticias con calor humano, con el sentido de la responsabilidad de contar lo que es importante para la sociedad, de oler las noticias más desgarradoras y sensibilizarse por ello.
Mientras el robot hace reportería, redacta y en fin, realiza la labor de un periodista, hay un pobre humano que luego de pasar 5 años en la universidad, le toca conformarse con un puesto de panadero porque un robot le quitó el trabajo.
Si bien la idea es innovadora y el logro es supremamente interesante desde el punto de vista de la ingeniería, también lo es que significa un desmérito de la labor periodistica humana.
Por un lado, el hecho de hacer esta impresionante máquina es motivo sin duda de que la ingeniería cada día avanza más y vale la pena reconocerlo y felicitarlo, pero para que la gracia sea completa, estos avances deberían tener siempre un sentido y una labor social.
Es cierto que el robot periodista le ahorraría esfuerzos a muchas personas que salen todos los días a las calles en busca de una noticia, así como la tarea de capturar fotografías o sentarse a redactarlo, pero así como le ahorran este trabajo, también le quitan la comida de la boca y les dan a los lectores la noticia sin vida, la noticia robotizada.
Qué fácil seria para un periódico contratar a un montón de robots que hagan la labor periodística, o simplemente comprarlos y hacer la inversión de su vida, pero en consecuencia de esto, ¿en cuantos hogares de Colombia habría un desempleado más?
La anterior es solo una de las consecuencias de este maravilloso invento creado por los sabios ingenieros, sin contar cómo seria la noticia y las fotografías resultado del trabajo de esta máquina y donde queda la labor y el sentido humano de la noticia.
Es cierto que la idea de la noticia es lograr la objetividad y solo cumplir con la tarea de informar, a simple vista esto es una razón para que las personas sean reemplazadas por robots, pero hay que verle el trasfondo a la situación.
Lo de la objetividad es cierto, pero también lo es que un robot no puede tener razón, ni sentimientos, ni capacidad para contar noticias con calor humano, con el sentido de la responsabilidad de contar lo que es importante para la sociedad, de oler las noticias más desgarradoras y sensibilizarse por ello.
Mientras el robot hace reportería, redacta y en fin, realiza la labor de un periodista, hay un pobre humano que luego de pasar 5 años en la universidad, le toca conformarse con un puesto de panadero porque un robot le quitó el trabajo.
martes, 23 de marzo de 2010
Gran idea para un pedazo de papel
Es cierto que un billete de cien mil pesos para muchos significa un encarte, pero también lo es, que para otros, quienes manejan grandes cantidades de dinero, es mucho más útil y cómodo.
¿Se imaginan esos montones de billetes de cincuenta cuando se quiere alcanzar la suma de cien millones de pesos? Es verdad que hay otros medios para manejar dicha suma, pero en alguna parte del país habrá esa montaña de billetes que deberá ser contada por unos pobres que de cincuenta en cincuenta se pasarían todo un día contando dicha suma.
Si bien esto es cierto, también lo es que para el común de los colombianos, quienes no ganan más de dos salarios mínimos, esto significa un peligro hecho billete, que miedo meter ese papelito en el bolsillo o en la billetera. Si representaba temor al cargar uno de cincuenta mil pesos, uno de cien es el doble de peligro, ¿que tal una brisita y se pierda el billetico?
De manera que cuando voy a un cajero trato de sacar la menor cantidad posible de dinero para no cargar con una suma muy alta para evitar perdidas tan grandes por si me roban. Con esos billetes circulando, una persona que va a cobrar su salario y se los dan le darán un problema convertido en plata.
Por otra parte, si intentar cambiar un billete de veinte es un problema y casi nadie hace el favor, sea por no tener sencillo o por miedo de recibir uno falso, ¿cómo será cambiar uno de cien?, Si no tengo menudo, ¿será posible comprar una botella de agua si en mi billetera solo tengo uno de estos?
Si es claro que los billetes de mayor circulación son los de menor valor, ¿por qué la idea de poner tanta plata en un solo billete?. Esto se prestaría para problemas, teniendo en cuenta que, si falsificaban una moneda de mil pesos, falsificar un billete de cien mil, para los malvados, será un negociaso, que podría traer muchas perdidas para el país, solo por desarrollar una idea que, si no se hace no va a exponer más al país a esas grandes falsificaciones y si se hace no traerá muchos beneficios.
Estas son solo unas líneas para reflexionar, y pensar que en un país como el nuestro, en el que la mayoría de habitantes son de clase media baja, un billete de tan alto valor no es tan buena idea, no se puede pensar solo en los que manejan grandes cantidades de dinero.
Seguro para las entidades bancarias y para los grandes empresarios, este nuevo invento les facilitará el trabajo y la vida, pero esa es solo una pequeña parte de colombianos. Y los que están en las calles, expuesto al peligro de que le roben el papelito, que son la mayoría, andarán preocupados por sentirse casi obligados a portar tanto valor en un solo pedazo de papel.
¿Se imaginan esos montones de billetes de cincuenta cuando se quiere alcanzar la suma de cien millones de pesos? Es verdad que hay otros medios para manejar dicha suma, pero en alguna parte del país habrá esa montaña de billetes que deberá ser contada por unos pobres que de cincuenta en cincuenta se pasarían todo un día contando dicha suma.
Si bien esto es cierto, también lo es que para el común de los colombianos, quienes no ganan más de dos salarios mínimos, esto significa un peligro hecho billete, que miedo meter ese papelito en el bolsillo o en la billetera. Si representaba temor al cargar uno de cincuenta mil pesos, uno de cien es el doble de peligro, ¿que tal una brisita y se pierda el billetico?
De manera que cuando voy a un cajero trato de sacar la menor cantidad posible de dinero para no cargar con una suma muy alta para evitar perdidas tan grandes por si me roban. Con esos billetes circulando, una persona que va a cobrar su salario y se los dan le darán un problema convertido en plata.
Por otra parte, si intentar cambiar un billete de veinte es un problema y casi nadie hace el favor, sea por no tener sencillo o por miedo de recibir uno falso, ¿cómo será cambiar uno de cien?, Si no tengo menudo, ¿será posible comprar una botella de agua si en mi billetera solo tengo uno de estos?
Si es claro que los billetes de mayor circulación son los de menor valor, ¿por qué la idea de poner tanta plata en un solo billete?. Esto se prestaría para problemas, teniendo en cuenta que, si falsificaban una moneda de mil pesos, falsificar un billete de cien mil, para los malvados, será un negociaso, que podría traer muchas perdidas para el país, solo por desarrollar una idea que, si no se hace no va a exponer más al país a esas grandes falsificaciones y si se hace no traerá muchos beneficios.
Estas son solo unas líneas para reflexionar, y pensar que en un país como el nuestro, en el que la mayoría de habitantes son de clase media baja, un billete de tan alto valor no es tan buena idea, no se puede pensar solo en los que manejan grandes cantidades de dinero.
Seguro para las entidades bancarias y para los grandes empresarios, este nuevo invento les facilitará el trabajo y la vida, pero esa es solo una pequeña parte de colombianos. Y los que están en las calles, expuesto al peligro de que le roben el papelito, que son la mayoría, andarán preocupados por sentirse casi obligados a portar tanto valor en un solo pedazo de papel.
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